Lunes que motivan tras una semana de reposo y cafés que aceleran tras una mañana de productividad. Finalmente días en los que organizas tu vida y la de todo el que pilles por el camino. De eso que tu cabeza va más rápido de lo normal y te da tiempo a pensar en el pasado, el presente y el futuro en cuestión de un minuto.

      Cuando la locura organizativa vuelve no queda otra que papel y lápiz en mano. Porque sólo las personas inquietas, ambiciosas o yo que sé entienden la satisfacción que supone colocar un tick al lado de cualquier tarea pendiente. Así que la sensación es aún más enorme cuando se trata de ir cumpliendo pasos que te acercan a alguno de tus sueños o aspiraciones. Pero no todo es tan fantástico, como siempre, y es que no sé hasta qué punto es bueno querer conseguirlo todo en un momento, ya que hay tareas que requieren su tiempo. Tiempo que no ves cuando el maldito café te ha acelerado tanto que todo tiene que ser ya. Sí lo sé no hay que ser conformista, pero sí un poco realista, ¿no crees?

      Lo más gracioso de todo es finalmente observar cómo evoluciona tu cabeza cuando la dejas libre delante de un espacio en blanco y 27 letras distintas. No entiendo como hay gente a la que no le gusta escribir con lo bien que sienta.

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